Mientras que tu tipo de piel viene determinado por la genética, los estados de la piel son la respuesta de esta a factores internos y externos. Y esos factores son muchos: la alimentación, el estrés, las hormonas, las condiciones ambientales y otros muchos más. Por suerte, los estados de la piel suelen ser temporales y pueden tratarse con los cuidados adecuados. Aquí te contamos cómo reconocerlos y qué necesita tu piel en cada momento.
La exposición solar, las condiciones climáticas y otros factores pueden alterar la función de la barrera cutánea. La piel deshidratada no tarda en manifestarse: se siente tirante, áspera y sin flexibilidad.
La piel sensible suele presentar enrojecimiento y una reactividad extrema. Incluso los pequeños cambios pueden provocar picor, descamación o sensación de tirantez. Este estado de la piel requiere una atención y un cuidado especiales.
Este estado de la piel nos alcanzará a todos con el paso del tiempo. Con los años, la piel pierde firmeza y elasticidad porque ya no puede retener la humedad como antes. Aunque el paso del tiempo es inevitable, sí podemos ralentizar sus efectos con el cuidado adecuado.
Durante la adolescencia, todos hemos tenido alguna vez la piel con impurezas: granos y puntos negros eran habituales frente al espejo. Sin embargo, este estado puede reaparecer en la edad adulta como consecuencia de la alimentación, el estrés o los cambios hormonales.
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